HECATOMBE Y
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or estos días está dando
vueltas, en la cabeza de muchos, la palabra “Hecatombe”, entre todos se pelean
por saber quien puede acercarse a la interpretación adecuada
de semejante vocablo de origen griego. Muchos especulan sobre lo que aquí, en
el pasado reciente uno de nuestros columnistas apuntó, que a lo que se refiere
el Presidente es a una virtual desunión de los partidos de la coalición de
gobierno, que derive en la pérdida de las presidenciales del 2010, en virtud de
lo cual él, Uribe, asumiría la candidatura.
Desde esta humilde tribuna,
consideramos que no es el momento, ni el escenario adecuado para dar este tipo
de discusiones. Nuestra democracia está experimentando una nueva figura, la
reelección presidencial, y es el momento de realizar ajustes a nuestra carta
magna, mismos que deben estar orientados a devolver la independencia a las
instancias a las cuales la constitución de 1991 se la otorgó. Nos referimos por
supuesto, a los organismos de control, a las altas cortes y al Banco de la
República. Sin haber resuelto, el entuerto que dejó el cambio del “articulito”
que facultó la reelección, mal hacemos abriendo debates y desviando la atención
sobre asuntos superfluos que no vienen al caso.
Además, no creemos que el mismo
volumen de votantes apoye el tercer mandato del Presidente Uribe; por lo si que para el segundo, donde del fervor de la opinión
acompañó las aspiraciones de repetir,
existieron apoyos innecesariamente malsanos _ recordemos todo el lío de
los congresistas involucrados en la “parapolítica”_,
para el tercero, donde no se cuente con la mayoría electoral ¿qué sacrificios
habrá que soportar?
Por todo lo anterior, consideramos que no es sano insistir con el tema de la reelección. Esperemos en Dios, que la hecatombe, nunca acontezca, para que el Presidente Uribe culmine su segundo mandato con la imagen del gran demócrata que es y no pase a la historia como el mandatario que se quiso perpetuar en el poder.